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Pagina nueva 1 Exposición Homenaje. Carlos Gardel. Los herederos de Gardel", 18 de febrero de 19 a 22 horas y días subsiguientes. Grand Boulevard Hotel. B. de Irigoyen 432. Buenos Aires. 4222-9000 int. 2176 "Se exhibe por primera vez la colección directamente heredada de Carlos Gardel. Es tal vez la más importante en joyas, objetos, muebles, cartas, documentos, fotos, telegramas, perteneciente a Carlos Gardel y su madre Berthe Gardes" Pagina nueva 1 Pagina nueva 1 Pagina nueva 1

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"Gardel la biografía" está auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

"Gardel la biografía" ha sido seleccionado por la CONABIP en la categoría "Pensamiento Nacional" (2006).



© Gardel, La Biografia.
2004-2005

Curiosidades

Los colaboradores de Gardel: Felipe Sassone y Alfredo Le Pera.

                  

El teatro de Felipe Sassone

Sassone había conocido a Gardel en Buenos Aires en 1918, donde presenció su actuación a dúo con Razzano. Volvió a encontrarse con él en los estudios de Joinville, cuando fue contratado en calidad de “hombre del diálogo” (dialogman) para la película Espérame, protagonizada por el cantor y Goyita Herrero. Con pluma estilizada refirió su reencuentro: “No había pasado día por él. Todavía el pelo negrísimo, untado por los peluqueros de París, sobre la faz tersa de indio blanco, que perenniza la juventud. Y los ojos penetrantes y los dientes carniceros de Don Juan. Se había afinado, estilizado, relamido, agalanado, como un amoroso de comedia. Parecía un gigoló, un bailarín profesional de cabaret aristocrático. Pero como la mayor parte de los que son desenvueltos y graciosos en la vida particular, cuando trabajaba ante el lente de la cámara, se volvía serio de miedo, torpe y rígido. Costaba mucho hacerlo hablar. Pero era estudioso y voluntarioso”.

Tras la filmación de Espérame, Sassone volvió a ser convocado para la película Melodía de Arrabal, en la cual tendría además un breve pero importante papel.

La dirección fue de Gasnier, la música estuvo a cargo de Gardel, con algunos de sus habituales colaboradores –Sentis, Lattès, Pettorossi y Raúl Moretti–, y el libreto, en manos de Le Pera. El elenco estaba compuesto por Carlos Gardel (Roberto Ramírez), Imperio Argentina (Alina Salinas), Vicente Padula (Pedro Ventura), Jaime Devesa (Rancales), Helena D'Algy (Marga), Felipe Sassone (el empresario de teatro), Manuel Paris (el comisario Maldonado) y José Argüelles (Julián).

La película estaba ambientada en una cantina de un barrio portuario –inspirado en La Boca–, donde se cantan canciones españolas y se baila tango. Ahí Roberto Ramírez trabaja como cantor, además de ganarse unos pesos extra gracias a su “habilidad” con los naipes. La casualidad querrá que salve la vida del comisario Maldonado, cuando un rufián de nombre Rancales intente asesinarlo. Ramírez se transforma en un jugador de cartas profesional, convirtiéndose en miembro de un club de juego importante con el seudónimo de Torres y se enamora de Alina Salinas, profesora de canto. La muchacha logra convencer a un empresario de teatro para que escuche a Ramírez. Éste, impresionado por los dotes vocales del joven, le contrata inmediatamente.

Mientras tanto Rancales –quien había ido preso por el intento de asesinato- sale de la cárcel, y comienza a extorsionar a Ramírez, amenazándolo con descubrir su verdadera identidad. Tras un forcejeo, Torres mata a Rancales con su propia arma. El inspector al que Ramírez había salvado la vida, toma el caso, deduce que sólo alguien muy hábil con las manos pudo cometer el asesinato y sospecha de inmediato de Torres.

Éste se prepara para debutar en un teatro, función a la que asiste el comisario. Al escucharlo, entiende que Ramírez y Torres son la misma persona. En el camarín, frente a frente, el policía le recuerda que él le había salvado la vida, dando por zanjado el asunto.

Aquí queremos detenernos. Sassone, peruano de nacimiento (nació en Lima el 10 de agosto de 1884), vivió y realizó la mayor parte de su actividad en España. Allí escribió piezas de teatro –como “La señora está loca” y “Calla corazón”– y gozó de gran prestigio y afecto en los medios intelectuales madrileños.

Una de sus obras de mayor éxito fue “La noche en el alma” (comedia en cuatro actos), estrenada en el Teatro Eslava de Madrid, el 30 de septiembre de 1920.

El argumento de dicha obra es sencillo: Lucrecia Spagna, alias “La Tosca”, es una eximia y consagrada cantante de ópera. Conoce al joven pianista Mario Calmet, quien la salva de un hombre que la extorsionaba (no se sabe por qué terrible hecho de su pasado), y que, al negarse ésta a darle más dinero, había intentado asesinarla.

Luego de cumplir una pequeña pena en prisión por el episodio con el extorsionador Mario sale libre, y merced a la intervención de Don Rodrigo, empresario y amigo de Lucrecia, logra debutar y consagrarse ante la crítica y el público. Al mismo tiempo, comienza a vivir un apasionado romance con la diva.

Todo parece andar sobre ruedas, pero la diferencia de edad entre los amantes comienza a pesar: Lucrecia -quien con sus contactos y su voz ha colaborado en la consagración de su amante- se da cuenta de que ella es una estrella en declinación. Mario, por su parte, se enamora de Marta, la hija de don Rodrigo, mucho más joven que “La Tosca”. La mujer descubre por accidente a la furtiva pareja, y rompe con el muchacho.

La obra es un melodrama, con algunas situaciones risueñas y ciertos diálogos chispeantes. Fuera de eso, no escapa a los cánones de calidad y estética de la época, con fuertes influencias del teatro francés decimonónico.

Las similitudes con el argumento de la película saltan a la vista: la extorsión, el pasado tortuoso, el descubrimiento del artista, el mundo del teatro. Pero en especial es llamativa la semejanza entre el personaje de don Rodrigo, empresario generoso, de buen ojo crítico y simpático; y el personaje de........: empresario generoso...

La única diferencia ostensible es que mientras en “La noche en el alma” Don Rodrigo convence a Lucrecia de que arme la tertulia inaugural en su casa, en “Melodía de Arrabal” la situación será inversa: será la muchacha –Alina- quien persuada al empresario de que escuche al artista potencial. El hombre, paternal, aceptará realizar una tertulia ¿en su casa? Para que Ramírez pueda debutar.

Como vemos, varias similitudes se presentan entre ambos textos, tanto desde el punto de vista del amibente, la trama, y el perfil sicológico de los personajes, en especial el del empresario (no exento de fuertes referencias autobiográficas). 

 

 

El teatro de Alfredo Le Pera

 

Siempre que se habla de Carlos Gardel, en especial de su última etapa, la de las películas en Francia y los Estados Unidos, se hace referencia a un nombre que aparece como inseparable al del cantor: Alfredo Le Pera.

En noviembre de 1932 la Paramount informó que la compañía, en vistas del “grandioso éxito de Las luces de Buenos Aires” –primer película de Gardel en los estudios que la Paramount poseía en Joinville- había decidido realizar nuevas películas en español con el artista. Dos figuras serían relevantes en esta etapa que iniciaba Gardel: el director cinematográfico Louis Gasnier (de quien no nos ocuparemos aquí), y, especialmente, el escritor y poeta Alfredo Le Pera.

Para encarar el nuevo desafío era necesario reunir un núcleo de colaboradores, con la desventaja de que ya no se encontraban en París el experimentado Manuel Romero ni los artistas argentinos agrupados en la compañía de revistas del teatro Sarmiento de Buenos Aires, con los que el cantor se había desempeñado en su primer film. Gardel acudió a su amigo Edmundo Guibourg, pero éste le sugirió el nombre del poeta Alfredo Le Pera. Se iniciaría aquí un trabajo conjunto el que en menos de cuatro años generaría las canciones que proyectarían definitivamente a Gardel al plano internacional, temas que constituyen actualmente el repertorio más conocido del artista.

No nos interesa realizar una extensa biografía sobre el poeta. A título informativo, diremos que nació el 6 junio de 1900 en San Pablo, Brasil, trasladándose con su familia poco después hacia Buenos Aires. Cursó el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, donde tuvo como profesor al dramaturgo y crítico teatral Vicente Martínez Cuitiño, quien influyó en su vocación como periodista y autor teatral. También estudió piano, lo que le permitiría tener nociones básicas del pentagrama. Impulsado por su familia, comenzó  la carrera de medicina, pero en el curso del cuarto año prevaleció su inclinación por el periodismo.

En 1920 hizo sus primeras armas en las páginas de espectáculos de El Plata, colaborando además en El Mundo, Última Hora –donde ingresó precisamente por intercesión de Martínez Cuitiño, La Acción  y El Telégrafo, diarios para los que trabajó en las secciones de información general y crítica teatral.

Aquí comenzó su tarea como dramaturgo, siendo su primera obra la revista “La Sorpresa del Año”, escrita en colaboración con el empresario Humberto Cairo, y estrenada en el Sarmiento el 24 de diciembre de 1927. Presentó luego “Los modernos mandamientos”, escrita junto con Alberto Ballestero y D. Gainza; “Gran circo político”, con Julio Filiberti Escobar; “Melodías de arrabal”, “¡Qué quieren los brasileños!”, “Piernas locas”, “Rojas bocas”, “La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, “Ya están secando con Broadway” y “La plata de Bebé Torre”, en colaboración con Pablo Suero y Manuel Sofovich; “Opera en jazz”, “Piernas de seda” y “Un directo al corazón”, realizadas en equipo con Antonio De Bassi, Antonio Botta y Carlos E. Osorio.

Como jefe de la sección “Teatros” de El Telégrafo entabló muy buenas relaciones con importantes hombres del espectáculo, como Augusto Álvarez, empresario del teatro Porteño y luego del Broadway. Colaborando con las revistas del teatro Sarmiento, conoció y se enamoró de Aída Martínez, bailarina cuya delicada salud se agravó por el deseo de no abandonar su profesión. Le Pera la acompañó hasta Suiza para su operación, pero todo fue inútil; seis meses más tarde, la joven falleció. El profundo dolor que lo embargó inspiraría los bellos versos de “Sus ojos se cerraron” y la trama de El día que me quieras, película en la que Gardel interpreta esa canción. El viaje había sido posible porque el empresario del Sarmiento lo envió a París en 1929 para que estudiara y comprara decorados y otros elementos para las revistas, entre ellos varias decenas de perros galgos, ya que las vedettes los lucían imitando a las damas de clase alta que se paseaban con ellos por los parques franceses.

Al volver a Buenos Aires comenzó a trabajar en la traducción y confección de títulos para películas silentes, leyendas que se intercalaban para hacer comprensible las imágenes. A fines de 1930 viajó a Chile con la compañía de revistas que integraba Tania, la compañera de Enrique Santos Discépolo, que también los acompañó. Alojados en un hotel frente a la Iglesia de la Merced quedaron impresionados por el sonido de las campanas y compusieron el tango “Carillón de la Merced, el cual luego sería estrenado con éxito en el teatro Victoria de Santiago por Tania, y popularizado rápidamente en todo Chile y luego en la Argentina. Sería un excepcional debut de Le Pera como autor de letras de tango.

De regreso en la Argentina, asumió como director de la compañía del teatro Cómico. Tiempo después, su oficio de traductor de películas facilitó un segundo viaje a París a fines de 1931, donde ingresó en compañía cinematográfica Artistas Unidos para traducir al español las leyendas impresas de las películas mudas. En ese tiempo conoció a distintas figuras de la cinematografía y redactó notas para Noticias Gráficas, en las que reflejó el impacto que le produjeron dos destacados directores, el francés René Clair y el inglés Alfred Hitchcock.

Existen diversas versiones respecto de cuándo se conocieron Gardel y Le Pera, además de la señalada recomendación de Guibourg, quien los habría presentado en el bar Gavarni de la rue Chantal. En otra entrevista, sin embargo, aseguró que Gardel lo conocía de los cafés de Buenos Aires, y que Guibourg los había citado para el reencuentro en la esquina del restaurante de la Rochefoucauld, en la rue Pigall. Otras fuentes aseguran que fue el actor Tomás Simari quien los presentó en Buenos Aires, hacia el año 1923.

El tema de cómo Gardel y Le Pera se conocieron no es relevante. Sí lo será, en cambio, la producción que el binomio realizará a partir de entonces, y el giro artístico que la misma significará en la carrera del cantor. Le Pera se encargará de los argumentos de las películas de Gardel, así como de las letras de las mismas. De esta pluma nacerán, entre otras, “El día que me quieras”, “Sus ojos se cerraron”, “Volver”, etc.

Alfredo Le Pera no era un improvisado, como algunos autores a veces sugieren. Ya hemos visto que tenía una vasta experiencia como autor de teatro y compositor. Esta experiencia la utilizaría para las películas de Carlos Gardel, esto dicho no solo de una manera general, sino desde el punto de vista concreto de que muchas de las situaciones y argumentos de sus obras teatrales fueron trasladados integralmente al celuloide.

Vamos a trabajar algunos ejemplos a título demostrativo. El 23 de mayo de 1931 se estrena en el teatro Buenos Aires, “La Plata del Bebé Torres” (escenas de la vida porteña en tres cuadros), obra escrita en forma conjunta por Le Pera y Pablo Suero. El reparto incluía a: Gregorio Cicarelli, Cayetano Biondo e Irma Córdoba, entre otros y, en los papeles estelares, a Pepe Arias y Pepita Muñoz.

La obra está ambientada en un cabaret de Buenos Aires, y trabaja un humor liviano, con cuadros y lugares comunes al sainete porteño en boga (están los compadritos, un personaje farsesco que se llama Juana Cuello, los niños bien, etc.).

El Bebé Torres (Pepe Arias) es un atorrante y jugador, que no duda en gastar su dinero en trasnochadas, invitando copas a propios y extraños, etc. Su novia –la eterna novia, tema que también aparecerá en las películas de Gardel- le espera, dulce y paciente.

Llega un día la desgracia: Torres lo ha perdido todo, y se halla en bancarrota. El suegro le ofrece trabajar para él en sus campos, pero el rechaza el ofrecimiento, pues sabe lo que le espera. Poco después ingresa a trabajar como camarero en el cabaret, el mismo lugar en donde hasta hacía poco iba en calidad de cliente predilecto.

El tiempo transcurre, y la fortuna vuelve a girar: se ha tratado todo de un malentendido, el Bebé Torres no ha perdido su dinero. Pero la situación ha cambiado. La necesidad de buscar trabajo, el rebajamiento de tener que atender a aquellos que horas antes invitaba con copas ha cambiado la actitud del Bebé Torres. En la última escena, luego de enterarse del malentendido, Torres dice:

 

BEBE: -Pague, don Carlos...es mi última noche de milonga (...). Pero tendremos en el recuerdo el conjuro de las noches porteñas... luces, asfalto relucientes, rolls royce, penumbras de los parques, palacios iluminados...

COCA: -¡Palermo!

B: -Alegrías de las muchachas malevas que se miran los ojos en su hilito de un arroyo arrabalero.

C y B: -El Maldonado.

B: -Flores, mujeres, niños bien, gomina.

C y B: -El rosedal.

B: -Aullidos de la multitud, chaquetillas encendidas de colores, finales cabeza a cabeza.

C y B: -¡Leguisamo!

B: -Lanchas que doblan la esquina de un río de juguetes.

C y B: -La vuelta de rocha.

MINGUCHO: -Cornisas que se vienen abajo.

B: -Mi Buenos aires... y el tango, el viejo tango estremecido de pena (Se escucha de fondo la cumparsita) ¡Vamos, pebeta!

 

Son muchos los elementos para estudiar y comparar. Veamos, para el caso, el final de la película “Cuesta Abajo”, que Gardel y Le Pera filmaron en los Estados Unidos en 1934. En esta película Le Pera incorporó –como en otras- elementos de su propia biografía, y  elementos de trabajos anteriores. El argumento debía tener un fuerte tono criollo o porteño, de manera de preparar el ambiente para las canciones que Gardel debía interpretar. De tal manera, la trama incluía expresiones, giros verbales y pies de películas que iban construyendo el tono “gardeliano”, que, junto con las interpretaciones de las canciones, crearon el clima que muchos autores sintetizaban –a falta de una mejor expresión– como “el ángel de Gardel. Esto es evidente en el argumento de Cuesta abajo, la historia de un estudiante que es arrastrado por el mundo por una bella mujer que lo domina y lo aleja de su novia formal, una tranquila muchacha, hija del dueño de un café de estudiantes.

Hacia el final, despechado y derrotado, Carlos Acosta (Gardel) es convencido por Linares (Vicente Padula) de volver a Buenos Aires. En el barco donde éste es capitán, envueltos por la nostalgia, dialogan:

 

LINARES: -Pero hay una vida mejor, allá en tu Buenos Aires, sin amarre de penas ni de vergüenzas, y hay un pobre corazón que sufre, y que espera... ¡que espera todavía! Que esperará siempre... Buenos Aires... El cielo porteño florecido de estrellas sobre la penumbra de los parques...

CARLOS: -Palermo.

L: -Milongas rezongonas y pebetas coquetas...

C: -Callecitas de mi barrio... lanchas que doblan la esquina de un río de juguete... alegría de las muchachas malevas que se miran los ojos en el hilito de agua de un arroyo arrabalero.

L: -El Maldonado.

C: -Chaquetillas encendidas de colores... aullidos... finales cabeza a cabeza.

L: -¡Leguisamo!

C: -Noches perforadas de luces que dan envidia a Broadway.

L: -Calle Corrientes.

C: -Mi Buenos Aires querido...

Y acto seguido se pone a cantar la susodicha canción, mientras aparecen imágenes de la misma y retorna, libre, a la ciudad de sus amores.

 

Hemos transcripto los diálogos finales de ambos argumentos para dejar en evidencia lo expuesto inicialmente. Pero además de lo obvio, la dramaturgia y la cinematografía de Le Pera guardan otras similitudes. El argumento del muchacho bien venido abajo es una constante en ambas: de heredero rico pasa a ser taúr, o cafisho, o camarero; en ocasiones debido a una mujer, en otras oportunidades, por las propias decisiones del protagonista. Hay una muchacha buena y formal –la novia de siempre- que le comprende y le espera, y que indefectiblemente lleva el nombre de una flor: Rosa o Margarita. Por otro lado, el tema de la estancia está presente, en forma de hipérbole de la riqueza perdida y/o añorada.

Diremos entonces que, básicamente, los argumentos rondan entre las tensiones opuestas que abruman al protagonista masculino: el barrio contra la ciudad, la riqueza que envilece contra la pobreza honesta, las tentaciones del gran mundo contra la “Buenos Aires” de siempre, etc.

Con respecto a los nombres y apellidos, también en los protagonistas masculinos se repiten, y siempre con un origen castizo: Carlos, Torres, Aguilar, Acosta, etc. Esta curiosa repetición –así como el tema de la estancia y la cantina- se debe probablemente a una búsqueda de afirmación de la estética “criolla”, que tan bien era recibida en Buenos Aires y el mundo. 

Otro elemento a rescatar en Le Pera es el tipo de humor, de corte netamente revisteril. En el corto “La casa es seria”, filmado por Gardel en Joinville en octubre de 1932, el poeta logró introducir algunas de sus chanzas favoritas. El argumento del corto es simple: un muchacho asedia a una joven recatada pero no consigue despertar su interés, hasta que, finalmente, consigue una cita, aunque ella le advierte que vive en “una casa muy seria”. Por la noche, cuando el galán acude a la cita y silba, como habían convenido, para que ella le arroje las llaves de entrada, desde otras ventanas, diferentes muchachas se asoman para arrojarle las llaves. Entonces Gardel, sonriente, exclama: “Conque la casa es seria...”.

Un diálogo entre Gardel e Imperio Argentina en dicha película tuvo cierta repercusión periodística por lo “osado”, y debió ser retirado de la misma:

 

IMPERIO: -¡Esta persecución debe terminar...! Me lo encuentro a usted por todas partes; por Florida...

GARDEL: -...Soy yo.

I: -Voy de compras...

G: -Y yo, siempre yo.

I:  -Ayer en una ferretería...

G: -Entre los tachos, yo soy su admirador...

I: -...y así desde la última noche del baile de la ópera...

G: -¡Ah, noche inolvidable!... Yo disfrazado de Angelito y usted de Odalisca...

I: -No recuerdo. ¡Por favor!

 G: -Bajaba usted la gran escalera del teatro, vaporosa, elegante, y al llegar a la planta baja me preguntó dulcemente: ¿Podría usted decirme donde está el tocador de damas? Y yo le contesté: ¿El tocador de damas? Aquí está... soy yo...

 

Veamos ahora, en “La Plata del Bebé Torres”:

(Bebé Torres y Mingucho, su amigo, se hallan en la entrada de la tienda Harrod´s).

MINGUCHO: -Qué raro...aquí las mujeres entran con un chico y salen con un globo.

 BEBE: -¿Y?

 M: -Que no siempre pasa eso. A veces se entra con un globo y se sale con un chico.

 

Finalmente, una curiosidad, que implica que quizás Le Pera conocía la música de Carlos Gardel de antes de haber sido presentados, y que la sabía apreciar. En la misma obra de teatro, en un momento determinado uno de los presentes es requerido a cantar un tango y dice: “Canté una sola vez... a bordo del Reina Victoria...cruzábamos la línea tropical... me puse a cantar “La muchacha del circo”... al llegar a lo de “yo soy la muchacha del circo”...zas! el barco a pique”.

En otro cuadro, una cabaretera tararea “Yira, yira”, y todos se escandalizan, llamándola “loca”, “perdida”, etc.

 

Hemos llegado al final de nuestro trabajo. Nuestra intención era simplemente comenzar a esbozar la problemática alrededor de quien fuera el colaborador de más alto vuelo que Gardel tuviera. Esperamos que esta presentación despierte las ganas de otros investigadores de profundizar en el tema.

 


22/03/2006© Gardel, La Biografia.