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"Gardel la biografía" está auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

"Gardel la biografía" ha sido seleccionado por la CONABIP en la categoría "Pensamiento Nacional" (2006).



© Gardel, La Biografia.
2004-2005

El pequeño Gardel.

Conozca todo sobre el nacimiento y la infancia del cantor.

                  

Nacimiento

Los Gardes

Aquel día frío y lluvioso de febrero de 1893, una mujer menuda y algo regordeta pero fuerte vigilaba los bultos con sus pertenencias y a su pequeño e inquieto hijo, de poco más de veintiséis meses. Marie Berthe Gardes Camarès, con veintisiete años y proveniente de la ciudad de Toulouse, iba a emprender la travesía hacia la desconocida y lejana Buenos Aires en compañía de su hijo, Charles Romuald Gardes.

¿Qué circunstancias habían impulsado a esta joven a emprender el camino, siempre azaroso, del emigrante? ¿Cómo vivía y cómo era la ciudad de Toulouse, que se había convertido en inhóspita para ella?

Toulouse, capital del departamento de Haute-Garonne (Alto Garona), está situada en el suroeste de Francia, dentro de la llamada Cuenca del Aquitania, una amplia región en la que desciende la Cordillera Negra. Allí, donde puede decirse que termina el alto curso del río Garona y donde convergen numerosos valles pirenaicos, se levantaba en semicírculo el núcleo urbano más antiguo, que posteriormente se extendería en ordenados barrios residenciales hasta el Canal del Midi, y más allá, en vastos suburbios. Centro comercial de una importante región agrícola, su estratégica ubicación como vía de enlace más corta entre el Atlántico y el Mediterráneo, la mantuvo comunicada por carreteras y vías fluviales –y desde el siglo XIX por ferrocarril– con toda la región, particularmente con el importante puerto de Burdeos.

La abundante utilización del ladrillo en la construcción de viviendas y edificios daba un colorido rojizo a la ciudad, que le valió el nombre de Ville Rose (Villa Rosa). También se la denominaba “ciudad de los trovadores”, dado que a comienzos del siglo XIV siete juglares habían formado la Compagnie du Gai Savoir (Compañía de la Ciencia Gaya) con el fin de preservar la “langue d’oc” –dialecto de la zona–, compañía que es considerada en la actualidad la más antigua sociedad literaria de Europa.

Toulouse vivió una profunda declinación a partir de las guerras religiosas del siglo XVI y de las sucesivas pestes vinculadas a la carencia de alcantarillado en sus estrechas y sucias calles, donde deambulaban cerdos y aves de corral. Un profundo estancamiento demográfico hizo que durante todo el siglo XVIII creciera en sólo diez mil habitantes, llegando en 1790 a los cincuenta y tres mil. Al mejorar notablemente las condiciones de higiene, y dado el desarrollo de la medicina en la segunda mitad del siglo XIX, pasó a contar con ciento veintisiete mil habitantes en 1866, manteniendo con posterioridad una tasa de crecimiento demográfico superior a la de los años precedentes.

La familia Gardes había acompañado la expansión de la ciudad durante esos siglos. El 3 de abril de 1835 nació Vital Gardes Pascale, tercer hijo de Jean-Marie Gardes Bonhomme y de Marie Anne Pascale Bonnefoy, ambos nativos. Vital, rompiendo con la tradición familiar de casarse con tolosanos, contraerá matrimonio con Hélène Camarès Cunégonde, oriunda de la pequeña población de Albi, ubicada a veintitrés kilómetros hacia el noreste en las estribaciones del Macizo central. Nacida el 20 de julio de 1839, era hija de Mathieu Camarès y de Hélène Cunégonde Barase –ambos originarios de dicho pueblo–. El matrimonio se celebró el 10 de mayo de 1862 y la pareja se instaló en Toulouse, donde tuvo dos hijos: Jean, nacido el 11 de abril de 1863 y Marie Berthe, el 14 de junio de 1865. Tres años después del nacimiento de Marie Berthe, el 17 de marzo de 1868, sus padres se separaron, alegando la mujer recibir malos tratos, aunque recién el 27 de diciembre de 1889 formalizarían el divorcio. Hélène formaría una nueva pareja con Louis Alphonso Juliez Carichou, al que le llevaba nueve años de edad, y con el que finalmente se casaría y tendría un nuevo hijo, Charles, que nacería en Venezuela, el 11 de febrero de 1876. Como el divorcio con Vital se concretó tres años después, el niño llevaría inicialmente el apellido Gardes.

La familia de Berthe era de modesta posición, vinculada a actividades urbanas. El padre era yesero y la madre explotaba una pequeña sombrerería en la zona de Arnaud-Bernard. Esta quedaba cerca de la casa donde vivían, en la calle Canon D’Arcole 4, propiedad de un primo por el lado materno, Marius Barrat. Era una típica vivienda tolosana de inquilinato, con un pasillo central al que daban las habitaciones, dos pisos en altos, y patio al fondo donde se ubicaba el baño. La fachada, armónica y simétrica, era de ladrillos a la vista, las ventanas con postigones de madera y dos pequeños balcones coincidentes con el acceso en la planta baja. Las amigas de Berthe de la infancia también pertenecían a sectores sociales similares. Así, por ejemplo, Odalie Ducase tendría más adelante un humilde taller de modista y de arreglo de sombreros. En cuanto a Berthe, deberá salir a trabajar como planchadora para colaborar con el sustento del hogar. Ella lo recordaría muchos años más tarde: “Cuando yo era chica, en Toulouse mis padres eran gente humilde. A mi padre no lo recuerdo bien. Mi madre era casada en segundas nupcias, y a mi padrastro, que era muy bueno, le decíamos ‘tío’. La vida no era entonces como ahora. Mi mamá era modista de sombreros y tenía buenos clientes”.

Nace Charles

En marzo de 1890, cuando Berthe tenía veinticuatro años, descubrió que estaba embarazada. Este hecho cambiará decisivamente su vida, porque no logrará obtener el reconocimiento de su pareja de la futura paternidad.

El 10 de diciembre, al iniciar el trabajo de parto, debió cruzar el río Garona por el antiguo puente de la ciudad hasta la ribera oeste, donde se encontraba el hospital Saint Joseph de la Grave. En ese mismo establecimiento, fundado en 1647, habían nacido varias generaciones de Gardes. Un edificio rectangular, con tejas rojas y una cúpula –agregada en 1824–, donde es posible que el jueves 11 de diciembre de 1890, a las dos de la mañana, se colgara una bandera blanca de una de las ventanas de la sala de Maternidad. Se respetaba así una vieja tradición provenzal, de práctica usual en los hospitales franceses, que en este caso anunciaba el nacimiento de Charles Romuald Gardes. La partera que asistió a Berthe se llamaba Jenny Bazin. Esa misma tarde Pierre Adouy, adjunto del alcalde de Toulouse, confeccionó el acta de nacimiento, inscrita en la página 314 del Libro, asiento 2481.

En cuanto al origen del nombre, hay indicios de que Berthe lo eligió en homenaje a su hermanastro, Charles Carichou (Gardes), quien se encontraba enrolado en un cuerpo expedicionario del Ejército francés en Indochina. Pocos días después, Berthe y su bebé abandonaron el hospital. La madre asumía así plenamente a su hijo, pero quedaba asentado el estigma que ambos guardarían como un gran secreto durante más de cuatro décadas: “hijo de padre desconocido”.

El padre

¿Quién era el padre de Charles Romuald? ¿Por qué motivos no lo reconoció, obligando a Berthe a inscribirlo como hijo natural, con su apellido? Hasta el final de su vida ella dejará este tema sin dilucidar, intentando defender su carácter de viuda, con el propósito de ocultar la falta de paternidad legal de su descendiente. Prueba de ello es la entrevista concedida a la revista La Canción Moderna el 8 de junio de 1936, donde Berthe señala que el padre de Charles Romuald Gardes había sido un militar, de nombre Paul Romuald, quien supuestamente falleció sin que su hijo llegara a conocerlo.

Por el contrario, personas cercanas a Gardel han señalado que su padre habría sido un tal Paul Lasserre. Según su descendiente Raymond Gelos, Berthe trabajaba en el taller de limpieza y planchado que era propiedad de la madre de Paul Lasserre y allí se conocieron. Gelos agrega que Lasserre era ingeniero en la fábrica de papel Sirven, en la calle Riquet; que había nacido en una familia burguesa de Toulouse el 1º de agosto de 1866, y fallecido de hepatitis virósica el 20 de noviembre de 1921, un año después de viajar a Buenos Aires para darle el último adiós a Berthe y a su hijo. Para Gelos, ella no habría viajado sola a Buenos Aires, sino con él, y la decisión de partir rumbo a la Argentina habría sido porque su unión era imposible debido a las marcadas diferencias sociales entre las familias. Para ese entonces, Paul contaba sólo veinticuatro años y era soltero.

Esta versión no ha sido probada documentalmente. Paul Lasserre no figura en el listado de pasajeros del barco en que llegaron Berthe y el pequeño Charles, ni tampoco en los años posteriores. Además, en ninguno de los viajes que Gardel realizó a Toulouse se ha registrado aproximación alguna con la familia Lasserre. Así como tampoco ha sido mencionada por familiares directos de Berthe.

El bailarín Carlos Zinelli, que en 1928 acompañó a Gardel en su gira por París, sostuvo por su parte que Armando Defino, apoderado del cantor, le informó que Paul Lasserre había aportado dinero “para que la joven madre, asediada por reproches familiares y prejuicios vecinales, pudiera poner distancia entre ella y Toulouse”. Según él, “la familia Gardés explotó durante muchos años una sombrerería (venta, confección y arreglos), en la zona de Arnaud-Bernard. En una actividad afín con ese comercio se desenvolvía un joven viajante, Paul Lasserre. Ya veinteañera, Berthe trabó romance con Paul, que desembocaría en el nacimiento de un varoncito bautizado con los nombres de Charles Romuald. Lasserre no reconoció a ese niño. Según se estableció más tarde, lo impedía su condición de hombre ya casado. Al tiempo de relacionarse con Berthe, tenía dos hijos con su esposa legal. La zona de ventas asignada a Lasserre comprendía, precisamente, Toulouse y una parte del sur de España, circunstancia esta última que le permitía hablar castellano medianamente bien”.

Guada Aballe ha localizado la documentación de Paul Jean Lasserre, nacido en Toulouse el 1 de agosto de 1866, hijo de Joseph Lasserre que trabajaba en la fabricación de carruajes y de Jeanne Marie Blanc, de profesión planchadora. Paul contrajo matrimonio con Marie Anne Broyer el 29 de septiembre de 1898 en Toulouse. Este dato permite confirmar que en el momento de nacer Charles Romuald, Paul era soltero y tenía 24 años, uno menos que Berthe. Enviudó en 1918.

Seguramente, la información más significativa al respecto es la proporcionada por el periodista Edmundo Guibourg, amigo de Gardel desde pequeño, quien, entrevistado por Carlos Achával para la revista Flash en 1985, señaló:

“Ahora le voy a relatar una cosa que me contó él [Gardel]. No puedo precisar con exactitud la fecha, pera ya era un hombre hecho y derecho. Seguramente estaba cerca de los 30 años. Un día me dice:

”Te voy a contar una cosa que no te conté nunca. Estuvo el viejo...

”–¿Qué viejo?

”–Mi padre.

”–¿Cómo, lo viste?

”–No. Vino de Toulouse a ver a mi madre, sabiendo que yo soy un artista ya conocido y ofreciendo reparación tardía. La vieja me dijo...

”Yo le pregunté: ‘Mamá, ¿qué le contestaste?’. Y me dijo que dependía de lo que yo le dijera. Que todo dependía de mi voluntad, no de la de ella. ‘¿Vos lo necesitás, mamá?’ Y me dijo que no lo necesitaba.

”Yo tampoco, no solamente no lo necesito. No lo quiero ver.

”Se llamaba Paul Lasserre. Con dos eses y dos eres....

”El hombre vino de Toulouse, posiblemente para hacer una reparación de hombre modesto. Era un hombre de clase media, muy correcto, parece. Un poco rústico, hombre provinciano.”

En otra entrevista, realizada en 1981 Guibourg repetiría la misma versión, señalando que Gardel, a manera de chiste, le decía: “Te das cuenta, ¡qué fenómeno! Me llamo Charles Romuald Lasserre Gardes. ¡Qué te parece! Con ese nombre puedo andar por el mundo...”.

Otras especulaciones que pretenden develar la identidad del padre del artista carecen de sostén documental y parecen más bien inspiradas en la fama que luego alcanzaría el gran cantor. Hasta el momento, la paternidad de Paul Lasserre parece ser la más probable, aunque se carezca de certezas absolutas al respecto.

La partida del hogar

A partir del nacimiento de su hijo, Berthe abandonó la casa de su abuelo donde convivía con su familia. Aceptó entonces el ofrecimiento de su amiga de la infancia, Odalie Ducase de Capot, de mudarse a la casa que compartía con su esposo y su hijo, Esteban Capot. Además, como Odalie tenía un taller de modista y arreglos de sombreros, Berthe se incorporó como trabajadora. Esteban Capot, nacido en Lot-et-Garonne, Toulouse, el 23 de enero de 1882, ha hecho un relato detallado de ese momento:

“Cuando Madame Berthe fue a vivir a mi casa, Charles estaba a mi cuidado. Tenía él entonces 3 días de vida. El cuidado de Charles estaba a mi cargo mientras Madame Berthe trabajaba en el taller de modista que mi madre había instalado en una habitación de la casa [...] Yo he vivido una niñez muy feliz cuidando a Charles en su infancia. Me sentí muy triste el día que mi madre me dijo:

”–Esteban, vístete bien que iremos a despedir a Berthe y a Charles.

”–¿Adónde van...?

”–Se van a Bourdeaux –respondió mi madre... 

”Mientras me vestía, sentía que un montón de lágrimas enjugaban mis ojos. Con esa angustia en el alma acompañé a mi madre a la estación del tren para despedir ella a su más grande amiga y yo, a mi hermanito menor. [...] Todavía me parece ver las manitas de Charles, tomadas por las manos de su madre tirando besos y saludando a la distancia. Cuando el tren había desaparecido en la curva tomando la vía a Bordeaux en mis ojos llorosos se fijó la imagen de Charles de tal manera, que hasta hoy nunca se pudo borrar de mis ojos.

“Cuando mi madre vio que mi cara estaba mojada por las lágrimas, tratando de consolarme, me dijo mientras me besaba: Ya pronto... muy pronto nosotros también seguiremos el mismo camino y nos reuniremos con ellos. En el trayecto de regreso a casa, también me hizo saber que ella y Berthe habían resuelto cruzar el mar rumbo a la República Argentina en busca de prosperidad”.

Así, después de algo más de dos años, Berthe decidió alejarse de Toulouse. Por un lado, porque su situación personal le impedía rehacer su vida, y por otro, a causa de la difícil coyuntura laboral por la que estaban atravesando. En esas circunstancias, Odalie le hizo llegar una carta que le había remitido una amiga común, Anaís Beaux, desde Buenos Aires. Le proponía viajar a esa ciudad, donde contaría con su apoyo y el de su esposo.

Las causas que impulsaron a Berthe Gardes a viajar a la Argentina están ligadas, como dijimos, a la situación del contexto y a la suya en particular. Así, en relación con el primer aspecto, los flujos migratorios durante el siglo XIX llevaron a buena parte de la población de la región de Aquitania a trasladarse a este país.

Por ese entonces en Francia el 42 por ciento de la población trabajaba en la agricultura y el 30 por ciento lo hacía en la industria, pero el sur tenía un desarrollo industrial mucho más acotado. Su desarrollo agrario era insuficiente y se produjo así una gran presión sobre las ciudades que, como Toulouse, no podían absorber la población excedente. Las industrias textiles o metalúrgicas de la ciudad estaban en declive y fueron sustituidas por la artesanía y las pequeñas manufacturas; sólo las fábricas nacionales (estatales) ofrecían cierta estabilidad. La riqueza estaba fuertemente concentrada, en gran medida en las antiguas familias de la nobleza, y los niveles de pobreza eran elevados.

En este marco, la familia Gardes intentaría superar esa situación emigrando hacia América del Sur. Viajaron a Venezuela en 1875 cuando Jean tenía trece años y Berthe ocho. Según la propia Berthe: “...nosotros desembarcamos en Venezuela. La gente era muy pobre. Mi madre no podía trabajar en su oficio de hacer sombreros, porque las mujeres de aquel tiempo no los usaban, y por eso nuestra permanencia allí no fue larga y no tardamos en volver a Francia”. En ese período nació su hermanastro, Charles Carichou, el 11 de febrero de 1876. A esta estadía se refiere Gardel en la carta que a fines de abril de 1935 le remitió a su madre desde Caracas, en la que le decía: “Como vez [sic] te escribo desde Venezuela el país que voz [sic] conocés lo mismo que tío Juan...”. Tras este fracaso, la familia Gardes retornó a Francia.

La inmigración francesa a la Argentina, por otra parte, tendrá mejor suerte. A fines de 1880 los franceses ya constituían el diez por ciento de los inmigrantes arribados, y ocupaban el tercer lugar luego de italianos y españoles. En 1901 había 94 mil franceses en el país, cantidad sólo superada mundialmente por los 104 mil que habían emigrado a los Estados Unidos. En 1912, sobre 138 mil franceses en América del Sur, 100 mil se encontraban en la Argentina.

Se concentraba en algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires como el Socorro, alrededor de la plaza San Martín, el puerto y las estaciones, donde existían cafés, hoteles y restaurantes que los empleaban como cocineros y mucamos. En los prostíbulos creció la fama de las mujeres francesas, mientras que otras se empleaban de vendedoras, modistas o institutrices en familias de clase alta. Asociado a este fenómeno, las planchadoras eran muy requeridas, en especial en la zona cercana a los teatros. Allí se había instalado Anaís Beaux, la amiga de Berthe que le había asegurado que le encontraría ocupación.

Todos estos factores, sumados a su situación personal, terminaron por decidir el viaje de Berthe. “Nunca supe comprender el espíritu de mi mamá, y por eso quizá nos sentíamos un poco extrañas –recordaba-. Mis recuerdos de esa época no son muy agradables... No podía vivir junto a la incomprensión de mi madre y decidí abandonar Francia. Carlitos tenía algo más de dos años de edad”. Hizo entonces los trámites documentales y se embarcó en el buque Dom Pedro el 12 de febrero de 1893, en el puerto de Burdeos.

Afortunadamente para Berthe y el pequeño Charles, ya en esa época el viaje se realizaba en buques de vapor y los imprecisos dos meses de travesía en los antiguos barcos a vela se habían reducido a casi la mitad, dependiendo de las paradas en Brasil y Uruguay. Seguramente viajaron en tercera clase o como pasajeros de proa, entre puentes, sin baños, con instalaciones sanitarias deficientes, comida mala y mareos, como la mayoría de los inmigrantes. Las camas tenían colchón de paja y un acolchado de lana, infestados de chinches, pulgas y piojos, dado que luego del arribo de los inmigrantes se embarcaba en ese mismo espacio, animales, lanas, cueros y cereales. El agua potable sólo se podía usar para beber y para cocinar pero no para el lavado y la limpieza. En contrapartida, los pasajes eran muy baratos.

El 10 de marzo de 1893, después de casi un mes de travesía, los viajeros llegaron al puerto de Buenos Aires. El verano estaba terminando y el tiempo era batante agradable. Berthe ansiaba el encuentro con su amiga Anaís Beaux. Una nueva etapa de sus vidas estaba por comenzar.

 

Infancia en Buenos Aires 

Los Gardes arribaron al puerto de Buenos Aires el 10 de marzo de 1893. Debieron quedarse un día en el barco, mientras los médicos y funcionarios realizaban la visita sanitaria a la nave. Su ingreso en el país fue anotado en los libros de la Dirección Nacional de Migraciones, donde Berthe se registró como viuda: “Vapor Dom Pedro, 1800 toneladas, Capitán Croquer... Tripulación 49, 145 pasajeros, procedencia Le Havre y Burdeos, número de orden 121; Berte [sic] Gardes, Pasaporte Francés Nro 94, viuda, 27 años, planchadora, católica, número de orden 122, Charles Romuald Gardes, 2 años”.

Al descender del barco, los esperaban Anais Beaux y su esposo Fortunato Muñiz. Este hecho marcó una diferencia con la mayoría de los inmigrantes que los acompañaban, ya que no irían a alojarse en el llamado Hotel de la Rotonda o Panorama de Retiro, un edificio espacioso, de forma circular, construido totalmente de madera y ubicado frente al río, con capacidad para albergar unas ochocientas personas. Había comenzado a funcionar entre 1877 y 1878 y estuvo habilitado hasta 1911, cuando fue reemplazado por el moderno Hotel de los Inmigrantes.

Anais era tolosana como Berthe, y les había reservado un alojamiento provisorio y un puesto de trabajo para su amiga en el taller de planchado que ella misma dirigía. En adelante, Berthe y Charles Romuald adaptarían sus nombres al castellano, rebautizándose Berta y Carlos Gardes respectivamente.

Buenos Aires, hacia 1870, conservaba los rasgos generales de la edificación colonial. Pero esto rápidamente cambiará debido a la excepcional expansión de la producción agrícolo-ganadera. Esta será la base del gran flujo inmigratorio, que multiplicará en más de cuatro veces la población del país entre 1869 y 1914. Así, la ciudad, que en 1869 tenía 177.800 habitantes, en 1895 contaba con 663.800. Los habitantes extranjeros en la ciudad pasaron del ser el 35% en 1855, a representar el 53% en 1887, con predominancia de italianos, españoles y franceses.

A esta ciudad en transformación llegaron Berta y su hijo Carlos. Madre e hijo ocuparon una habitación en la calle Uruguay 162, entre Piedad y Cangallo –(luego Bartolomé Mitre y Juan D. Perón, respectivamente). La pieza integraba parte de lo que comúnmente se denominaba “conventillo”, en la parroquia de San Nicolás, caracterizada por la presencia de gente ligada al teatro y los espectáculos, que elegía vivir allí por su cercanía a las salas céntricas de diversión.

Los conventillos eran ambientes de alta promiscuidad, con un patio central donde jugaban los niños, lavaban y tendían la ropa las mujeres y se acumulaban los enseres que no cabían en las pequeñas habitaciones. Rara vez los conventillos tenían cocinas comunes y se cocinaba en braseros de carbón, colocados en un cajón o repisa a la entrada de los cuartos o dentro de ellos. Otros cajones a la entrada solían tener una palangana para lavar o servían para recoger los residuos. Por todo ello, en verano el lugar más despejado y fresco pasaba a ser la vereda.

Sin embargo, los conventillos como el que habitaban Berta y Carlos tenían ciertas ventajas, pues contaban con servicios públicos (agua corriente, cloacas y pavimento). Hacia 1896 el alquiler de una de estas piezas representaba el 16 por ciento del salario de un obrero industrial, seguramente el equivalente a lo que Berta cobraba.

En la pieza que compartían Carlos y su madre estaban los pocos muebles que les habían regalado los Muñiz: un ropero con espejo, una cama ancha para ambos, un aparador para utensilios de cocina y una mesa de luz. A ello se sumaba un calentador para preparar la comida e infusiones, particularmente el mate, que de inmediato fue incorporado a la vida cotidiana.

El taller de Anais estaba a tres cuadras de allí, en Montevideo 463, entre Corrientes y Lavalle, en la zona cercana a los teatros y la ópera, y la Avenida de Mayo, donde, después de su apertura, comenzaron a instalarse los hoteles, grandes demandantes de ese oficio. Más tarde, Odalie Ducasse, la vieja amiga tolosana de Berta, vendría a vivir no muy lejos de allí, en la calle Talcahuano 35, y algunas veces el pequeño Carlos volvería a quedar al cuidado de Esteban, su hijo.

Muy pronto se planteó el problema del cuidado de Carlos, ya que Berta cumplía extensas jornadas de trabajo en el taller, y el niño era demasiado pequeño para dejarlo solo. Berta trabó entonces relación con Rosa Corrado de Franchini, quien también tenía un taller de planchado, donde además atendía un hogar con varios hijos. En 1895, esta mujer de origen italiano tenía cuarenta y cinco años, y había enviudado tras dieciocho de casada. Sus cinco hijos eran Fortunato, de diecisiete años y empleado; Ángela, de catorce, también planchadora; Francisca, de doce, planchadora; Juan, de diez años, y María, de cinco. Carlos quedaría, pues, a su cuidado.


22/10/2005© Gardel, La Biografia.