Visitante: 767728
desde 7/12/2004.
Temas del libro
Newsletter (boletin)
Foro
Base de Canciones
Links

Pagina nueva 1 Exposición Homenaje. Carlos Gardel. Los herederos de Gardel", 18 de febrero de 19 a 22 horas y días subsiguientes. Grand Boulevard Hotel. B. de Irigoyen 432. Buenos Aires. 4222-9000 int. 2176 "Se exhibe por primera vez la colección directamente heredada de Carlos Gardel. Es tal vez la más importante en joyas, objetos, muebles, cartas, documentos, fotos, telegramas, perteneciente a Carlos Gardel y su madre Berthe Gardes" Pagina nueva 1 Pagina nueva 1 Pagina nueva 1

Novedades!!

3

400.000 visitas!Agradecemos profundamente el interés y la constancia de todos.

Próximamente: la información más completa sobre "Flor de Durazno", el film que Gardel filmó en 1917. Una investigación a fondo sobre los motivos de la filmación,los protagonistas, el mito de Gardel filmando "La Loba"... Quedan todos invitados a visitarlo.

Suscríbase en forma GRATUITA al boletín "Gardel Buenos Aires" y recíbalo en forma electrónica. Sólo envíe un mail a info@gardelbiografia.com.ar. "Gardel Buenos Aires" sale los primero días del mes...

"Gardel la biografía" está auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

"Gardel la biografía" ha sido seleccionado por la CONABIP en la categoría "Pensamiento Nacional" (2006).



© Gardel, La Biografia.
2004-2005

Gardel interior

El cantor realizó numerosas giras por las provincias argentinas. Sígalo en su recorrido del interior del país.

                  

Los primeros viajes

En 1911 Carlos Gardes buscaba su lugar como artista, actuando donde podía, como solista o en dúos, con el pibe Rafael, el chileno Atilio Moncalves o D’Angelo. Por ese entonces actuaba principalmente en la zona del Abasto, pero también lo hacía en otros barrios como la Boca, Balvanera, San Telmo, Avellaneda y Florencio Varela. En esa época comenzó a hacerse habitué del café Los Angelitos, en la esquina de Rivadavia y Rincón. También en esa época le hablaron de otro cantor muy capaz en el mismo oficio, que también solía andar por Avellaneda y le llamaban “el Orientalito”.

El cantor se llamaba José Razzano y el encuentro entre ambos músicos fue concertado por amigos en común, tal vez por sugerencia de la familia Greco, muy amiga de ambos artistas. Sería en la casa de Juan (o Julio) Gigena, quien se desempeñaba como pianista en un café de la calle Guardia Vieja. Gigena era amigo de Luis “el Rubio” Pellicer, integrante de la barra de Razzano, y había escuchado a Gardel en alguna ocasión.

Al “Rubio” se le despertó la curiosidad y comenzó a moverse para ubicar a Carlos -apodado ya “el Morocho”-; le parecía que un encuentro entre ambos cantores podía ser interesante para medir fuerzas. La oportunidad llegaría a través de Gigena. Éste, aficionado a la música criolla, solía realizar fiestas en su casa y Pellicer aprovechó una ocasión para invitar a Carlos.

Cuando Razzano y Pellicer llegaron a la casa, “el Morocho” ya se encontraba allí, al igual que otras treinta personas que ansiaban presenciar el encuentro. El clima era tenso, pues en aquel entonces las topadas entre cantores llegaban a veces a dirimirse por la fuerza, por lo que varios de los presentes estaban armados. Tras las presentaciones de rigor, Gardes se decidió a romper el hielo:

–Me han dicho que canta bien –le dijo a Razzano.

–Me defiendo –contestó el otro–. Pero las mentas suyas son grandes.

Tras esta presentación Razzano comenzó con “Entre colores”, tras lo cual Gardes se levantó para felicitarle, mientras le comentaba al “Rubio” Pellicer: “¡Éste sí que canta lindo!”. Su espontaneidad ayudó a distender el ambiente, y poco después el cantor interpretaba uno de sus caballitos de batalla: “Pobre mi madre querida”, que fue recibida con un fuerte aplauso. Siguieron así, intercalándose en el canto en forma amistosa, durante toda la noche –Razzano cantó “Llena de sol”, entre otras–, mientras tomaban algunas copas de ginebra y coñac, y las dos barras se dedicaban a aplaudirlos.

Las reglas de cortesía indicaban que Carlos debía visitar el “territorio” de Razzano para volver a cantar juntos. Este segundo encuentro se daría en el boliche donde “el Orientalito” se había afincado, el café El Pelado, ubicado en Entre Ríos y Moreno, en la frontera entre los barrios de Balvanera y Montserrat. En este café, donde además de Razzano “paraban” los actores Cassaux, Franco y Pepito Petray entre otros, los jóvenes se juntaban para charlar, jugar al gofo, escuchar música e intercambiar sus esperanzas de consagrarse como artistas.

La “revancha” volvió a convocar a un nutrido grupo de ambas barras, y Gardes llegó acompañado por el joven cantor Francisco “Pancho” Martino, con quien tenía la idea de formar un dúo. Poco antes de que la tenida se iniciara, las instalaciones del café ya se hallaban abarrotadas. Enrique Falbi, inspector de una compañía de seguros y habitué del café, sugirió que se trasladaran hasta su casa, cercana al local pero mucho más grande. Y otra vez los cantores se dedicaron a disfrutar de la jornada, intercalando sus modestos éxitos musicales y ganándose el aplauso de la concurrencia. Al dueño de casa le pareció que el dúo podía funcionar en forma estable, e intentó entusiasmarlos para que realizaran una gira por el interior de la provincia de Buenos Aires, donde él tenía algunos conocidos que podrían allanarles el camino. Además, les dijo, él podía comprometerse a solventar parte de los gastos. En medio de la excitación, también Martino quiso sumarse a la aventura, y la velada se cerró en medio de un compendio de buenos deseos.

Pero los planes no eran tan fáciles de concretar. Razzano desconfiaba de que la gira diera resultados a nivel económico, pues ya contaba con una “aventura” previa de salir de la ciudad y la misma había sido un desastre. Por su parte, Carlos tampoco estaba seguro; después de todo, ya había entrado en la veintena y aún no desempeñaba un oficio estable que le permitiera ganarse la vida. Las escasas monedas que reunía como cantor apenas si le alcanzaban para subsistir en su vida bohemia y noctámbula. Además, si bien su amistad con Martino era un hecho, su relación con Razzano recién comenzaba.

Primera gira

Llegamos así a 1912, cuando finalmente Gardes y Martino deciden arriesgarse y partir rumbo al oeste siguiendo la línea del ferrocarril, con Chivilcoy –o quizá Mercedes– como primera parada. Los pueblos se sucederían, unos tras otros –Alberti, Bragado, 9 de Julio–, pero con poca fortuna para los músicos. “Si habremos pateado en aquellos tiempos, por cines, teatros y espectáculos –recordará Carlos–, ofreciéndonos por nada, con tal de cantar, pero era inútil... No nos conocían y no nos querían... Por lo que con toda cortesía nos daban con la puerta en las narices”.

En el pequeño pueblo de Guanaco, cercano a Pehuajó y a unos pocos kilómetros al oeste de Carlos Casares, el dúo gozará de un pequeño guiño de la suerte y será bien recibido en el bar de don Clímaco Scala, ubicado en la esquina de Drysdale y Roca. Luego de la cálida actuación los cantores fueron hospedados en la estancia La Nueva Escocia, perteneciente a la firma Drysdale Hermanos. Esa buena acogida no sería olvidada por Carlos, y volverá a actuar allí tres años más tarde.

La siguiente parada fue General Pico, en la provincia de La Pampa. Pico era un pueblo pujante por entonces, con un intenso movimiento comercial. Pero aquí tampoco los jóvenes cantores lograrán abrirse camino por lo que, casi agotados los recursos, deciden emprender el regreso.

Mientras tanto, Razzano recibía las cartas que los muchachos le enviaban desde diversos puntos de la gira, llenas de notas de color y entusiasmo. “El Orientalito”, arrepentido de haberse negado a participar de la expedición, ardía en deseos de unirse al dúo. Cuando Carlos y Martino regresaron, los tres cantores se dieron cita en la cantina Chanta Cuatro para departir sobre los avatares de la gira y, cena mediante, reforzar los compromisos de amistad con vistas al futuro.

Luego de realizar una interesante actuación en la Casa Suiza, y antes incluso de que los aplausos se apagaran, decidieron realizar una nueva gira por el interior de la provincia, esta vez con Razzano en la partida.

Esa actuación fue presenciada por el cuyano Saúl Salinas, alias “El Víbora”, quien por entonces había a empezado a madurar una idea: la adaptar el juego de voces de los duetos mejicanos a la música criolla.

El arreglo vocal consistía, en reglas generales, en una voz (la “primera”) que llevaba la melodía principal y una segunda voz que ejecutaba la misma melodía en paralelo, con un intervalo de tercera hacia abajo, llamada también “tercera bajo primera”. La interpretación de la canción quedaba sobre todo en manos de quien hacía la “primera” voz, mientras que para la “segunda” quedaba la tarea de realzarla a través del apoyo armónico. Si los cantores en ciernes tenían un buen oído musical, esta forma de canto podía desarrollarse con facilidad.

Si bien Salinas ya había tenido incursiones como cantor y guitarrero en las provincias de Cuyo y en Chile, su iniciación “seria” comenzará a partir de esta idea. Decidido a dedicarse a la música, se trasladó a Buenos Aires en busca de un “socio” para montar su plan. Pedro Garay –a quien se le había ocurrido el mismo concepto y ya lo había echado a rodar junto a su hermano Juan–, Marambio Catán, Juan Sarcione, Juan Raggi y Alfredo Gobbi, fueron algunos de sus acompañantes.

Tiempo después se acercaría al entusiasta “terceto nacional”, como se llamaba a los tríos entonces. Saúl Salinas propuso que los cuatro juntos cantaran de la manera que él proponía. Martino y Razzano, que ya le conocían de antes, confiaban en su criterio y aceptaron de inmediato la propuesta, y “El Morocho” se plegó con entusiasmo al proyecto.

Segunda gira

Comenzaba una etapa de ensayo y consolidación, nada fácil si se tiene en cuenta los precarios conocimientos musicales de los cuatro artistas. Sin embargo, al poco tiempo, el cuarteto sonaba mejor. Además, todos sus integrantes ya habían debutado discográficamente, lo cual les daba un cierto matiz profesional. Así pues, decidieron que era tiempo de probar suerte en una nueva gira por el interior de la provincia de Buenos Aires.

En ese tiempo, Carlos se encontraba bastante a disgusto viviendo con su madre en una pieza; siendo adulto, no podía mantenerse por sí mismo ni manejarse con independencia. En este marco, la idea de una gira que lo mantuviera alejado de doña Berta por un tiempo lo seducía.

Tenían pensado salir a mediados de julio. Llegarían primero a Zárate, y luego seguirían hacia el norte, bordeando el río Paraná –una zona pujante debido a la riqueza de la tierra y la salida portuaria– y, merced a los contactos de Carlos, existía la posibilidad de actuar para el 5º Regimiento de Infantería en San Nicolás, en el límite de la provincia de Buenos Aires con Santa Fe. Asimismo, a través de las vinculaciones de Razzano y “el Morocho” con el Partido Conservador, las puertas de clubes y teatros de los poblados que visitarían podían abrirse con cierta facilidad. La idea era, entonces, realizar un rodeo hacia el sudoeste, hasta toparse con la línea del ferrocarril que los muchachos ya conocían del año anterior.

El miércoles 10 de julio llegaron a Zárate. Los recibió una población pujante, merced al crecimiento y la mejora de la red ferroviaria, por ese entonces en manos de los ingleses. Sin embargo, las cosas no resultaron como los cantores lo habían pensado y, tras una paupérrima actuación en el bar El 25 de la calle Independencia, se fugaron durante la noche del hotel El Globo –sito en la esquina de 19 de Marzo e Ituzaingó– por no poder afrontar el pago.

Las penurias económicas continuarán, pues la gente del litoral no parecía muy apresurada por contratarlos, y ellos no tenían recursos para sostenerse. Para colmo, Salinas decidió dejar el grupo, por lo que sus compañeros intentaron convencerlo de llegar a San Pedro, ilusionados de que allí las cosas podían ser distintas. “El Víbora” aceptó, no muy convencido.

San Pedro era una pequeña localidad que contaba con algunas casas de baile, como La Puerta de Fierro y la de María Sosa, por donde pasarían a lo largo de la década del 10 varios músicos que hacían sus primeras armas y que luego serían relevantes en el mundo del tango, tales como Francisco Canaro, Roberto Firpo y el rengo Zambonini. Allí arribó el cuarteto, tras actuar previamente en algún poblado intermedio. La retribución económica en la época –herencia payadoresca– era bastante particular e incierta, basándose en el sistema “de la gorra”. El otro método era a través de las rifas, en las que se sorteaba una botella de coñac, un pañuelo de seda o un frasco de agua florida.

En San Pedro el cuarteto consiguió actuar en mejores condiciones, debutando en el cine de la localidad y luego en el Club Social, con la ayuda de dos políticos locales conservadores: Mendizábal y Perazzo.

No obstante los mejores resultados de la gira, Salinas se separó de la agrupación, y los motivos nunca quedaron del todo claros. Lo más probable es que la razón de peso para la separación del experimentado artista estuviera relacionada con que el grupo no lograba un nivel artístico apropiado; no olvidemos que Salinas era, de los cuatro, el músico más avezado. Sea como fuere, lo cierto es que el cuarteto perdió a su miembro más experimentado: Salinas retornó a Buenos Aires, y los demás decidieron seguir adelante.

Entre San Pedro y San Nicolás el ahora trío será sorprendido por el aniversario de la toma de la Bastilla. El 14 de julio las colectividades francesas de todo el país salían a festejar el evento, y cuando, al día siguiente, los muchachos lleguen a San Nicolás, el pueblo estará en plena ebullición festiva. En dicho poblado Carlos compró una pequeña libreta de tapa negra y páginas rayadas, en la cual irá pegando los recortes periodísticos que, a lo largo de la gira, los fueran mencionando. La encabezaría con el pomposo título de “Crónicas de mi gira artística - Carlos Gardel”. Razzano, por su parte, compra una postal para su novia Cristina.

De esta manera, las actuaciones del trío comenzaron a quedar registradas. El 16 de julio en el diario El Noticiero de esa localidad se hablaba de la postergación de la actuación del “terceto de guitarras formado por los jóvenes artistas Carlos Gardes, Francisco Martino y José Razzano” para el día siguiente. Los días 17, 18 y 19 de julio, el diario El Progreso, que por esa época comenzó una feroz campaña contra la usura, un mal endémico que afectaba a los productores locales, registra las actuaciones del trío en el Club Social –adonde habían llegado, una vez más, gracias a contactos políticos– y en el Regimiento 5º de Infantería, como ya hemos mencionado. “Tanto las piezas que ejecutaron como los números de canto, agradaron mucho, siendo muy aplaudidos”, dice la crónica del día 18.

Gardel aún era mencionado con su apellido verdadero, por lo que resulta evidente que el artista dudaba en utilizar su nombre de fantasía y que se decidirá en el curso de este viaje. Si bien las crónicas eran halagüeñas, los números no cerraban, y los “sobrevivientes”, luego de actuar en un par de ocasiones más, tomaron la determinación de bordear la provincia de Buenos Aires, desviando la ruta hacia el sur hasta llegar a la línea del ferrocarril oeste, tal y como lo habían planeado.

El 20 de julio en horas de la mañana el grupo parte para Pergamino. Pero la fortuna tampoco aquí los acompañó, a pesar de las recomendaciones de políticos de San Nicolás, ni en la siguiente parada en Rojas, un pequeño poblado de poco más de dos mil habitantes. Llegaron a actuar ante un buen auditorio, pero la polémica nueva ley electoral impulsada por los conservadores tenía capturada la opinión pública.

Pese a ese contexto poco alentador, los jóvenes se las ingeniaron para conseguir unas pocas actuaciones, y el sábado 10 de agosto se presentaron en el Club Social, “dando una sesión de todo lo que se refiere a música nacional, tal como ser vidalitas, cantos provincianos, milongas, triste, etc.”, según el artículo del diario Gazas y Flores que Gardel pegó en su cuaderno. Por su parte, el diario El Nacional del mismo día aclaraba que “esta clase de audiciones netamente criollas, es difícil que lleguen hasta nosotros con frecuencia, porque son pocos los ejecutantes que se resuelven a salir en gira; y es por eso que los aires provincianos, estilos y vidalitas ejecutados anoche por los señores Gardes, Martino y Razzano, en el instrumento querido de nuestra patria, fueron oídos con profundo regocijo, llegando al corazón de los pocos criollos que estuvieron en la audición”. Luego del debut actuaron en el cine La Perla en un par de oportunidades, así como quizá también en el Club Progreso y en el teatro Colón de la localidad.

Tras dejar Rojas y luego de una breve presentación en Junín llegaron a Mercedes, donde funcionaba el Teatro Español como principal centro para las actividades culturales de la población. Pero el trío no consigue actuar allí, y tendrá que conformarse con la confitería San Martín, ubicada en la calle 26, esquina 25, justo frente a los Tribunales. Serán cuatro noches, compartiendo cartel con la exhibición de vistas y la actuación del Hombre Fonógrafo. Una vez más, los elogios de la prensa no se condecirán con los resultados económicos.

En el diario mercedino El Siglo, del 26 de agosto de 1913, al mencionarse la actuación del trío se nombra a Carlos con su nombre artístico: “Carlos Gardel”, y de ahí en más, los demás periódicos repetirán este seudónimo.

Poco después, durante los primeros días de setiembre Gardel, Razzano y Martino prosiguen viaje hasta Chacabuco, donde al descender del tren se encontraron con la grata sorpresa de que las calles circundantes a la estación estaban en excelentes condiciones. Acostumbrados al polvo y los malos caminos de los pueblos anteriores, el cambio les pareció estupendo. Por una de esas calles llegarán hasta el Salón Moderno, donde se presentarán el 5 de septiembre, “ante un selecto y numeroso auditorio”, como rezaba el diario El Mentor. Al día siguiente actuaron en el París Salón, y luego se trasladaron hasta Alberti, unos kilómetros más al sudoeste. Quizá también tuvieron una presentación en Chivilcoy, por donde debían pasar para llegar a Alberti, y donde Gardel y Martino habían iniciado su gira el año anterior, pero no hay registros al respecto.

Lo que sí se conoce es lo que ocurrió en Alberti, pequeña y próspera localidad que se enorgullecía de tener las cuentas al día y –al igual que Mercedes– de las mejoras que habían realizado en los caminos. El 10 de septiembre el trío se presentó y quedó registrado por la prensa local del siguiente modo: “Presentáronse anoche ante el público congregado en la confitería El Recreo del joven Pascual Esquiroz, los jóvenes artistas Carlos Gardel, Francisco Martino y José Razzano, quienes ejecutaron el desarrollo de afamadas canciones criollas, hermosos y nuevos estilos, graciosos dichos, refranes y típicos aires nacionales, todo lo cual fue escuchado por la concurrencia con recogimiento, prodigándose al final del atrayente espectáculo merecidos aplausos a granel”.

A mediados de ese mes llegarán a Bragado, donde actuarían con relativo éxito en el Teatro Francés y donde trabarán amistad con Enrique Marioni, quien luego sería un importante periodista y escritor de tangos, a quien Gardel le grabará algunos años más tarde.

El siguiente punto de la gira fue General Viamonte, conocido hasta hacía poco con el nombre de Los Toldos. Allí encontraron una ciudad convulsionada por el posible enjuiciamiento de su intendente, el conservador Malcolm, por supuesto desfalco de fondos públicos. Para colmo, un violento temporal había azotado la zona, y no había espacio para un trío de cantores desconocidos. Martino, tal vez desgastado por la frustrante situación, adujo estar enfermo, y el trío quedó reducido a dúo. Gardel y Razzano reflexionaron qué hacer y tras algunas deliberaciones decidieron continuar, enfilando hacia la provincia de La Pampa.

Gardel, habiendo utilizado dieciséis de las cuarenta y ocho páginas disponibles de su cuaderno, decidió no seguir adelante con los recortes. Así, “La Gira artística”, que se había inagurado con la separación de Salinas, se cerraba con la deserción de Martino.

Es probable que con la partida de su amigo el cantor haya sentido que el proyecto se desdibujaba del todo. En Lincoln, Gardel y Razzano sufrirán una nueva decepción. “Cantaban en el bar San Martín –dice Arturo Jauretche–. Pasaban el sombrero y juntaban moneditas. Razzano mismo me contó que corrían la gran liebre. Gardel aflojó: yo no salgo más a cantar, Oriental”. Sin embargo, siguieron adelante. Manejándose a través de los diversos ramales del ferrocarril (algunos de carga, por lo que es pertinente pensar que en más de una oportunidad viajaron como polizontes), llevados por viajantes ocasionales, o caminando en ocasiones, los jóvenes cantores seguirían su ruta azarosa por la provincia.

Otro joven artista, de nombre Ignacio Corsini, también se hallaba de gira por el interior. Casado hacía muy poco tiempo, el cantor y su esposa se desempeñaban como músicos y actores para el circo ecuestre de Miguel Casano, con quien ya habían recorrido la provincia de Entre Ríos, y ahora trabajaban en distintas localidades del sur de Buenos Aires: Olavarría, Cruz Alta y Bahía Blanca. En cierta ocasión en que los Corsini se hallaban en una fonda de esta última ciudad portuaria, conocen a Gardel, quien había arribado con Razzano en busca de cambiar su suerte. De edades y ambiciones similares, los jóvenes simpatizaron de inmediato. Durante los días en los que coincidieron en Bahía Blanca los cantores pasaron buenos ratos juntos, charlando y cantando. Gardel entonó uno de sus caballitos de batalla de entonces, “El Moro”, y Corsini no se quedó atrás, interpretando “El clásico”. Volverán a verse en Buenos Aires, muchos años más tarde, cuando ambos ya estaban consolidados artísticamente.

Luego de estas actuaciones, Gardel y Razzano retomaron el recorrido por el oeste, acercándose a General Pico, ya en la provincia de La Pampa. Luego partirían hacia Huinca Renancó, ubicada aún más al noroeste. Los pueblos iban pasando, indistinguibles entre sí para los ojos cansados y los ánimos caídos de los cantores. “Desde el tren no se veían nada más que unas pocas casas modestísimas –relata el cantor Marambio Catán, quien también los recorrería por esos años–, con el infaltable almacén de ramos generales, la fonda, la cancha de pelota, un rancho que le decían comisaría y una casa grande en los límites del pueblo, que era el prostíbulo. Todo esto alrededor de la estación, en cuyo andén caminaba lentamente, observando con ojos de Sherlock Holmes, un milico macizo y bigotudo con un talero en la mano”.

En el pequeño poblado cordobés de Huinca Renancó conocieron al violinista Diego Cordero, quien al verlos llegar sucios y medio muertos de hambre se compadeció y les consiguió un lugar para actuar, un hotelito frente a la estación de trenes. Además, se puso en contacto con un familiar que poseía un hotel en Cañada Verde, no muy lejos de allí, para que los cantores pudieran presentarse. Pero no bien llegaron a Cañada Verde se desató una feroz tormenta, que no se detendría en los tres días que habían acordado para actuar. Cansados y desanimados, decidieron pegar la vuelta para la capital, casi más pobres de lo que habían salido. La gira había terminado.

Lo que los cantores no sospecharon fue que, si bien a nivel monetario la gira había sido negativa, resultaría de enorme rédito desde el punto de vista musical. Ello era el resultado de ensayos y ensayos, hechos voluntariamente, y de veces y veces de presentarse en público.

Una vez que arribaron a la capital, con la primavera en ciernes, Gardel y Razzano se separaron con una vaga promesa de volver a encontrarse si las condiciones mejoraban. Cada uno emprendió, pues, el regreso a su barrio y a la barra.

De gira por Córdoba

Han pasado los años. El dúo Gardel-Razzano se consolida en el mundo artístico, actuando en teatros y grabando una interesante cantidad de discos.

Así, el 28 de septiembre de 1925 los cantores llegarán a San Francisco, localidad ubicada en el interior de la provincia de Córdoba, donde actuarían en el Teatro Moderno, con buena respuesta del público.

No era la primera vez que actuaban en la provincia. Hacia mediados de 1914, Gardel y Razzano se habían presentado junto con la compañía Vittone-Pomar, en el Teatro Novedades. En 1919 volverían, ya establecidos como número independiente y fortalecidos por la fama y la difusión conquistadas con los discos. El martes 20 de mayo actuaron en el Palace Theatre, ubicado en San Martín 57, acompañados por la guitarra de Ricardo. En esa oportunidad la estadía duró seis días y el dúo recogió muy buenos comentarios en la prensa. La víspera a terminar las actuaciones, el binomio dio un concierto para los reclusos de la Cárcel Penitenciaria, en el barrio San Martín.

Una de las amistades más firmes que el dúo forjó en Córdoba fue con Cristino Tapia, a quien ya conocían de Buenos Aires. Solían visitar El Ranchito, una casa ubicada en la calle 1 al 300 del barrio Seco, donde vivían los padres de Tapia, quienes los agasajaban con asados y pucheros, las comidas favoritas de Gardel. En alguna oportunidad también visitaron las sierras, Saldán y el dique San Roque. También el hijo de Fortunato y Anaís Muñiz, que había compartido la infancia de Gardel, vivía en Córdoba desde hacía algunos años y el cantor, en sus recorridas, se hará tiempo para verlo.


14/07/2005© Gardel, La Biografia.