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Pagina nueva 1 Exposición Homenaje. Carlos Gardel. Los herederos de Gardel", 18 de febrero de 19 a 22 horas y días subsiguientes. Grand Boulevard Hotel. B. de Irigoyen 432. Buenos Aires. 4222-9000 int. 2176 "Se exhibe por primera vez la colección directamente heredada de Carlos Gardel. Es tal vez la más importante en joyas, objetos, muebles, cartas, documentos, fotos, telegramas, perteneciente a Carlos Gardel y su madre Berthe Gardes" Pagina nueva 1 Pagina nueva 1 Pagina nueva 1

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400.000 visitas!Agradecemos profundamente el interés y la constancia de todos.

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"Gardel la biografía" está auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

"Gardel la biografía" ha sido seleccionado por la CONABIP en la categoría "Pensamiento Nacional" (2006).



© Gardel, La Biografia.
2004-2005

Gardel y...

Carlos Gardel conoció a muchos artistas, políticos, deportistas y gente de la farándula en general a lo largo de su carrera. Le presentamos algunos de los encuentros más interesantes.

                  

Gardel y Caruso

 

1915. Luego de una temporada exitosa en el Uruguay, Gardel y Razzano comenzaron a perfilar la posibilidad de realizar otro viaje al extranjero, hacia un destino algo más exótico: Brasil. La propuesta surgió en Uruguay mismo, después de las presentaciones del dúo en el teatro Royal.

Por entonces la compañía del argentino Enrique Arellano se hallaba pronta a debutar en el teatro 18 de Julio de Montevideo, y su director intentaba entusiasmar al dúo para formar una compañía que se abriera camino en el inexplorado mercado brasileño. Gardel y Razzano no se hallaban muy convencidos, quedando en dar una respuesta en los próximos días. Cuando regresen a Buenos Aires se encontrarán con que la idea, de la mano del director del Teatro Nacional,  Fontanilla, tenía posibilidades concretas.

Para llevarla a cabo, el ambicioso empresario había contratado al comediógrafo Alfredo Duhau, dándole carta blanca para armar la compañía. Duhau convocó a Arellano y toda su trouppe, más el agregado de algún otro artista de renombre. El dúo se incorporaría poco después. Así, el 17 de agosto de 1915 el grupo partió rumbo a Brasil, a bordo del buque Infanta Isabel.

La travesía en barco tendría un condimento extra para los artistas, pues junto con ellos viajaba el tenor Enrico Caruso, a quien Gardel había admirado en su adolescencia. Caruso volvía luego de  una exitosa temporada en Montevideo y Buenos Aires, a las que no visitaba desde hacía doce años, cuando apenas era considerado una promesa en el universo lírico.

La noche que le presentaron al dúo, Caruso les pidió que cantaran algo. Los muchachos, intimidados al principio, se animaron ante la buena predisposición del artista y, cuando terminaron de cantar, Caruso elogió con entusiasmo y diplomacia sus voces: Guarde, caro la bella voce del morettino! –comentó con Sanmarco, otro cantante lírico–. Guarda il falsetto dal altro! Magnífico! E tutto senza scuola!.

Gardel aprovechó el momento para entonar fragmentos de arias que conocía de viejas temporadas teatrales. Caruso quedó perplejo y luego estalló en aplausos, mientras exclamaba: “Molto bene!... Bella voce”. Salvador Merico, trombón estable de la orquesta del Teatro Colón y uno de los acompañantes del tenor, también aplaudía, impresionado por las aptitudes del cantor. “El más grande tenor de todos los tiempos me elogió mucho –recordará Gardel–. No quiso creer que no hubiese estudiado canto nunca”.

Según algunos testigos, Caruso habría hecho un aparte con el cantor criollo para darle algunos consejos paternales: “No se deje seducir por los éxitos fáciles ni por los falsos entendidos... Rechace toda sugerencia en el sentido de cambiar para lograr uno o dos tonos más altos de su registro... Si lo hace, se arruinará. Aparte de la voz, tiene usted un don inconfundible: purísima dicción, clara, perfecta... Esto es valiosísimo... Le permitirá reproducir fielmente cualquier letra en el debido tono”.

Razzano recordaría que días después al encuentro el napolitano les invitó a escuchar el ensayo de un aria de Los Hugonotes en el salón del barco, acompañado por el pianista de la compañía. Los músicos no olvidarían nunca ese momento.

Años después, Carlos Gardel incluso llegó a sugerir en una entrevista periodística que Caruso le escribía en forma regular, y hasta que le había dado cartas de recomendación para maestros de canto en los Estados Unidos. Sea esto cierto o no, el hecho es que el encuentro ocurrió, y que Gardel no lo olvidaría nunca.

 

Gardel y Eduardo de Gales

 

Hacia 1925 Gardel y Razzano se hallaban en la cumbre de su fama. Por ese entonces serían convocados para actuar ante Eduardo, príncipe de Gales, quien se hallaba de visita en la Argentina. El poco ortodoxo heredero al trono británico sería recibido por el presidente Torcuato de Alvear y los miembros de su gabinete, para ser homenajeado y atendido con efusión durante toda su estadía. Al príncipe le molestaban bastante ese tipo de agasajos -a los cuales no tenía más remedio que asistir dada su posición- a punto tal que solía inventar todo tipo de excusas. Es así que cuando Horacio Sánchez Elía, encargado de la organización, le informó que iban a llevarle a recorrer el interior del país, no pudo evitar un suspiro de satisfacción. La visita incluía recorrer algunas localidades de la provincia de Buenos Aires, donde sería festejado con asados criollos, muestras de doma y canciones camperas.

Según Razzano, el mismo Alvear les contrató para entretener a Eduardo en Huetel. Los cantores viajaron el 25 de agosto junto con los guitarristas Ricardo y Barbieri, más el agregado de su valet Mariano Alcalde. Cuando llegaron a la localidad, su sorpresa sería mayúscula, ya que fueron recibidos por el príncipe en persona, quien les firmó autógrafos y condecoró con medallas de oro que exhibían su imagen. Hospedados en estancia de Concepción Unzué de Casares, los músicos compartieron con el noble y su comitiva un asado vespertino, pues el príncipe solía tener hábitos más bien noctámbulos, y tras una frustrada invitación a participar en una cacería, el homenajeado se retiró para cenar con su comitiva. Un cronista de La Razón, que se hallaba presente, narraría los hechos sucedidos esa noche. “Poco después de las 22, llegaron al gran hall del palacio, donde se hallaba haciendo tertulia de sobremesa el reducido núcleo de comensales, el conjunto criollo Gardel-Razzano. Los populares cantores criollos con sus guitarristas, se instalaron en un ángulo del salón e iniciaron el programa con la ejecución del celebrado dúo ‘Linda provincianita’”. El príncipe festejó con entusiasmo la perfomance de los músicos, y a continuación entonaron “Galleguita”, “Claveles mendocinos”, “La pastora” y “La canción del ukelele”.

Al ver la reacción positiva del agasajado, Sánchez Elía tomó la posta improvisando un repertorio donde se intercalaban canciones norteamericanas e inglesas, para beneplácito del príncipe. Al rato, toda la concurrencia cantaba “Honolulu blues”, “Oh yes, we have not bananas” y otras canciones de moda. El clima distendido y alegre entusiasmó a tal punto a Eduardo que poco después subió a sus habitaciones para buscar su ukelele, el cual llevaba consigo en sus viajes. Gardel no daba crédito a sus ojos, al igual que Razzano. Eduardo de Windsor templó el instrumento con seriedad, y acto seguido se puso a la popular canción hawaiense que lleva el nombre del instrumento. Tras los aplausos de la concurrencia, el príncipe se animó a más, llegando a entonar y acompañar las canciones criollas que el dúo interpretó a continuación.

La velada se prolongó durante gran parte de la noche, agregándose al canto los bailes criollos a cargo de Razzano, Sánchez Elía y el general Vacarezza, además de algunas jotas interpretadas en guitarra por Mariano Alcalde.

A la mañana siguiente Eduardo se despertó de muy buen humor, con la expresa intención de departir con los cantores y luego retratarse con ellos vestidos de gauchos, como se habían presentado la noche anterior. La foto nunca se tomó porque Gardel, agotado y de mal humor, se negó a levantarse de la cama.


3/19/2005© Gardel, La Biografia.